El pasado 12 de enero, la Unión Europea aplicó nuevas normas para controlar y limitar la presencia de PFAS en el agua potable.
Los Estados miembros deberán monitorizar estos contaminantes, informar de los resultados y tomar medidas cuando se superen los valores límite, con el objetivo de proteger la salud pública mediante un sistema de control armonizado en toda la UE.




